Al alba, cuando las primeras luces iluminan las murallas de adobe de Chan Chan, un grupo de arqueólogos y conservadores inician su labor diaria: proteger uno de los tesoros más importantes de la cultura precolombina peruana contra el deterioro del tiempo y la acción humana.
Don Carlos Uriarte, conservador con 35 años de experiencia, recorre los frisos con dedicación casi familiar. ‘Cada pared cuenta una historia de mil años’, explica mientras señala los delicados diseños de peces y aves marinas. ‘Nuestro trabajo es asegurarnos de que estas historias perduren para las próximas generaciones’.
El desafío es monumental: fenómenos climáticos cada vez más intensos, el crecimiento urbano descontrolado y la falta de recursos amenazan constantemente el sitio arqueológico. Sin embargo, el equipo continúa su misión con pasión inquebrantable, sabiendo que protegen un legado irreemplazable de la humanidad.