Los recientes hechos de violencia en nuestra ciudad han superado todos los límites tolerables. El asesinato de ciudadanos a plena luz del día, las extorsiones sistemáticas a comerciantes y el clima de terror que se respira en varios distritos de Trujillo son señales inequívocas de que el Estado ha perdido el control territorial frente al crimen organizado.
La instalación de cámaras con inteligencia artificial es un paso positivo, pero insuficiente. Necesitamos una estrategia integral que incluya más efectivos policiales debidamente equipados, fiscales especializados que no cedan ante las amenazas, jueces que impartan justicia con firmeza y un sistema penitenciario que realmente aísle a los cabecillas de las organizaciones criminales.
Los ciudadanos de Trujillo merecemos recuperar nuestras calles, nuestra tranquilidad y nuestro derecho fundamental a la seguridad. Las autoridades locales, regionales y nacionales deben actuar con la urgencia que el momento demanda. El tiempo de los anuncios y las promesas ha terminado. Es hora de resultados concretos o de renuncias dignas.